Empresario, deportista y ganador de múltiples reconocimientos, Rodrigo “Coco” Zeballos construyó en Maldonado una historia atravesada por el comercio, el automovilismo y un vínculo con la gente que considera fundamental. “Embajador del Uruguay soy, tanto yo como los que representamos al país en competencias”, afirmó en entrevista con Portada.
Nació en Minas, Lavalleja, y llegó a Punta del Este a los cuatro años. En 1982 se mudó con su familia a Montevideo, donde su padre inició un emprendimiento que finalmente no prosperó. Esa situación lo llevó nuevamente a Maldonado.
Trabajó primero en una ferretería en Piriápolis y, en marzo de 1996, fundó Barraca Maldonado. Tenía 23 años y comenzó con 3.000 dólares que le prestó su abuelo. “Soy comerciante de alma”, se repetía entonces.
Tres décadas después, destaca el crecimiento de la construcción registrado en Maldonado durante los últimos diez años y el impacto positivo que tuvo sobre su empresa. Al cumplir 30 años, Barraca Maldonado lanzó beneficios y descuentos para sus clientes hasta el 31 de agosto, con rebajas de hasta 20% y otras promociones. Zeballos asegura que ese reconocimiento responde a una idea que mantiene desde el inicio: “Hay que cuidar al cliente”, porque entiende que el crecimiento de la empresa se debe a quienes la eligen.
El desarrollo comercial también le permitió combinar su actividad empresarial con otra de sus grandes pasiones, los autos. Según explicó, no existe ningún antecedente familiar que explique ese vínculo. “Nadie de la familia está vinculado al rubro, es pasión pura”.
Su primera experiencia al volante fue a los ocho años, mientras que el debut competitivo llegó en marzo de 2004, durante el Rally de Mariscala. Desde entonces pudo disputar competencias en diferentes partes del mundo y representar tanto a Uruguay como a Maldonado, algo que define como uno de los mayores sueños para cualquier deportista.
Zeballos se considera un embajador del país, concepto que extiende a todos los uruguayos que participan en competencias internacionales. Su entrenamiento, explicó, no demanda demasiadas horas fuera de la actividad, ya que gran parte de la preparación está directamente relacionada con el tiempo detrás del volante.
La experiencia acumulada también le permite observar con preocupación la realidad del tránsito. Consultado por Portada sobre cómo se conduce en Maldonado, fue contundente: “Un desastre, al igual que en todo el país”.
A su entender, el principal problema no pasa exclusivamente por la velocidad. “El tema no es la alta velocidad sino el consumo, algo que se está combatiendo”, sostuvo.
También cuestionó la falta de conocimientos básicos al conducir. “Hay inoperancia en el manejo de la gente”, afirmó, y mencionó situaciones cotidianas como no utilizar correctamente los espejos o los señaleros. “No manejamos bien para nada”, agregó.
En agosto volvió a celebrar en su departamento natal al ganar el Rally Nacional disputado en Minas. Sin embargo, asegura que los resultados deportivos no son lo único importante. Para Zeballos, reencontrarse con los fanáticos y dedicarles tiempo mantiene un valor especial.
“El fin de semana voy más para compartir con la gente que por un resultado”, concluyó.












































