Freddie Woodward llegó a cumplir uno de sus grandes sueños: representar a Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Sin embargo, mientras su carrera deportiva avanzaba y cosechaba importantes logros, el atleta enfrentaba en privado una problemática que durante años le resultó difícil controlar: su consumo compulsivo de pornografía.
El exclavadista, actualmente de 30 años y oriundo de Sheffield, comenzó en el mundo de los saltos ornamentales cuando tenía apenas siete años, después de que cazatalentos de un club local visitaran su escuela. Su adaptación fue rápida y, durante la adolescencia, ya competía internacionalmente y llegaba a entrenar unas 20 horas por semana entre piscina y gimnasio.
Fue también durante esos años, alrededor de los 12, cuando descubrió la pornografía en internet.
Woodward considera que pertenece a una generación que tuvo acceso desde muy temprano a contenidos sexuales online de manera sencilla y prácticamente ilimitada. Con el paso del tiempo, aquello que comenzó como una curiosidad se transformó en una conducta que terminó interfiriendo incluso con sus estudios.
«Cada vez que me sentaba a estudiar, lo único que quería era abrir esas páginas web», recordó.
Mientras su trayectoria deportiva crecía, también lo hacía su consumo. A los 20 años ya había conseguido una medalla de bronce en los Juegos de la Commonwealth, había sido subcampeón europeo juvenil y había alcanzado la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río.
Pero detrás de esos éxitos, asegura que recurría cada vez con mayor frecuencia a la pornografía. Llegó a visitar páginas para adultos varias veces al día y recuerda una jornada en particular en la que lo hizo hasta diez veces.
«Si había tenido una mala sesión de entrenamiento, siempre podía recurrir a eso», explicó.
La situación también lo llevó a compartir fotografías y videos íntimos con desconocidos a través de redes sociales como Facebook e Instagram. Según contó, buscaba una sensación de mayor excitación y terminó tomando decisiones que posteriormente tendrían consecuencias.
Las imágenes terminaron circulando por internet sin su consentimiento. Woodward se enteró cuando su entonces pareja, que vivía en el extranjero, lo llamó para confrontarlo y decidió terminar la relación. El episodio profundizó una sensación de vergüenza que, según relata, ya cargaba desde hacía tiempo.
«Me sentí tan avergonzado y destrozado. Simplemente no sabía cómo afrontarlo», recordó. Sin embargo, incluso después de aquel golpe, no consiguió abandonar inmediatamente el consumo de pornografía. «Lo peor era que seguía sin poder dejar la pornografía. No podía parar», afirmó.
El problema comenzó a impactar de manera cada vez más profunda en su bienestar emocional. Woodward describe aquellos años como una lucha constante contra una enorme carga de vergüenza.
Durante aproximadamente seis años intentó modificar sus hábitos hasta que finalmente, el año pasado, consiguió dejar atrás la adicción. Una de las claves, según explicó, fue cambiar la manera en la que se veía a sí mismo: dejó de pensar en alguien que intentaba «dejar la pornografía» para asumirse como una persona que directamente «no ve pornografía».
Ahora, alejado de la competición profesional, decidió utilizar su experiencia para hablar públicamente sobre el tema y promover una educación que permita abordar el consumo problemático de pornografía sin recurrir únicamente a la culpa o la vergüenza.
Su objetivo es que otras personas puedan reconocer que necesitan ayuda y hablar del problema antes de que sus consecuencias sean mayores.
La historia también cuenta con el respaldo de su pareja, Chika Izumi, una exnadadora artística del equipo nacional de Japón. Ambos se conocieron hace siete años mientras trabajaban como artistas acuáticos en un crucero de Royal Caribbean y actualmente recorren distintos lugares del mundo creando contenido sobre gastronomía y cultura.
Izumi supo de las dificultades de Woodward pocos meses después de comenzar la relación y asegura que siempre mantuvo una postura neutral y comprensiva.
Hoy respalda completamente la decisión del exatleta de hacer pública su historia. «Estoy muy orgullosa de él», señaló. «Sé que va a ayudar a muchísimos chicos y hombres».
El relato de Woodward coincide además con un debate que ha cobrado fuerza en Reino Unido sobre el acceso de menores a contenidos sexuales en internet. En junio, el gobierno británico anunció medidas para que empresas tecnológicas como Apple y Google incorporen herramientas destinadas a impedir que niños y adolescentes puedan tomar, enviar o visualizar imágenes sexualmente explícitas en sus dispositivos.











































