En los primeros meses de 2021 y con un año que fue complejo para todos, la princesa sigue apostando al Uruguay y este verano abrió un clásico de Punta del Este “Lapataia” porque entendió que había que apoyar al gobierno en una temporada muy especial.
“Soy consciente de la importancia que tiene que los chicos estén en contacto con la naturaleza y vean a los animales. Que tengan experiencias así es lo mejor que les puede pasar”.
Con acento francés y un estilo frontal que le caracteriza, Laetitia d’Arenberg (79) rescata las oportunidades que pueden surgir en Uruguay con este mundo en crisis.
-Además de Lapataia, Estancia Las Rosas parece acostumbrado a ser reconocido con los avances en genética.
-En Estancia Las Rosas, lamentablemente, me achiqué ¡y hasta estuve a punto de cerrar todo! En el campo al final vendí 10 de las 13 cabañas. Por ahora tenemos un centro de genética increíble, con la tecnología más increíble del mundo. Ese trabajo lo hace gente que ama a los animales en busca de la mejor genética. Sé que para eso tengo que contar con los mejores recursos humanos y creo que logré armar un muy buen equipo. Me ocupé que todos cuenten con la mejor infraestructura para trabajar. No les falta nada. Y cuando están esas condiciones dadas, las posibilidades que se vean buenos resultados aumentan. En este caso, contaba con más de 120 empleados y tuve que achicarme. Todos los que se fueron después consiguieron trabajo. Pero esa fue la única manera de equilibrar los números.

-Siempre está muy pendiente del equipo de colaboradores que la rodea, pero también está involucrada en causas solidarias.
-Me preocupa el futuro de la gente. En particular aquellas que no tienen opciones para salir adelante y ahí hay muchos jóvenes. Voy a abrir una fundación para sacarlos de la calle. Que puedan hacer algo con sus manos. Estaré pendiente de los que vienen interior que, en muchos casos, terminan en asentamientos pensando que tendrían otras oportunidades en la capital. O los que salen de muy buenos lugares como el (Liceo) Jubilar y después no tienen proyectos definidos para crecer. Es una etapa clave de la vida. Hay mucho para hacer.
-Hace unos 16 años tuve la oportunidad de entrevistarla y ahora está en el mismo lugar pero en una casa distinta.
-Un día decidí tirar la casa abajo y hacer todo de nuevo. Y ahora estoy feliz en esta casa, acompañada de mis siete chihuahuas y una maltesa que se suman a la tortuga y mi loro que no para hablar… Soy feliz con la compañía de todos ellos. También estoy mucho en el jardín, me gusta que esté todo cuidado. Soy una convencida que a la naturaleza hay que tratarla bien. Y ya ves cómo se recuperaron las cosas con la cuarentena. Si hacés todo lo contrario te maltrata.

-¿Cuál su lugar en el mundo?
-Voy a José Ignacio desde que tenía 15, cuando era todo arena. Los atardeceres que veo desde mi casa son una cosa única.








































































