Christa Pike fue derivada a un hospital de Tennessee, luego de sobrevivir a la aplicación de dos dosis de inyección letal.
Según consignaron distintos medios, testigos de la ejecución informaron haber escuchado a Pike aún con vida cuando se lo retiró de la sala de observación. Luego llegaron vehículos de emergencia al centro de reclusión.
Pike, de 50 años, llevaba tres décadas esperando la ejecución por haber asesinado junto a su novio a Colleen Slemmer, una joven de 19 años a la que conocieron en un campamento de formación laboral para adolescentes con problemas de conducta.
Años más tarde, cuando solicitó que se evitara la ejecución, Pike contó que su intención era golpear a Slemmer, no matarla, pero que no pudo “frenar”.
Era una chica de 18 años con una enfermedad mental”, dijo en una declaración. “Me tomó muchos años darme cuenta siquiera de la gravedad de lo que había hecho. Y aún más, aceptar cuántas vidas afecté. Le quité la vida a la hija, la hermana y la amiga de alguien. Ahora me repugna pensar que tuve la capacidad de cometer un crimen así”.
Desde 1976, cuando la Corte Suprema restableció la pena de muerte, solo 18 mujeres han sido ejecutadas en Estados Unidos, en comparación con 1.663 hombres. La cifra representa el 1% de todas las ejecuciones en Estados Unidos.
El novio de Pike fue condenado a cadena perpetua porque cuando se cometió el crimen tenía 17 años y la legislación no permite la pena de muerte a un menor de edad.













































