Se caracteriza por la aparición de ronchas con picazón y a veces dolor en la piel. Estas ronchas son efímeras, duran menos de 24 horas y suelen cambiar de lugar.
En 2018 y sólo en pediatría las urticarias representaron 0,8% de las consultas registradas. Los más afectados, niños menores de 3 años con urticaria, en su mayoría sin angioedema, la etiología infecciosa fue la más común. Se registró un bajo porcentaje de hospitalización. En niños con fallo hemodinámico y lesiones de piel, el shock anafiláctico debe ser contemplado. Las medidas de soporte y la administración precoz de adrenalina mejoran el pronóstico vital según http://www.scielo.edu.uy.
Para que se considere crónica, la urticaria debe estar presente durante al menos seis semanas de forma continua. Se le dice «espontánea» porque los síntomas no tienen un desencadenante conocido. Existe otro tipo que se llama inducible. En estas últimas, estímulos como el frío, el calor, el rose o la presión, la vibración, el agua y la luz solar pueden ser la causa.
¿Alergia o urticaria?
La urticaria crónica espontánea no es una alergia y, aunque sus síntomas se asemejan a reacciones alérgicas, no son provocados por agentes externos conocidos. Esto hace que el manejo de la enfermedad sea complejo y frustrante para muchos pacientes. Además, alrededor del 40% de los afectados sufre angioedema, una hinchazón más profunda en labios, párpados, o lengua y complicar aún más la situación. El angioedema no pica, pero puede causar una sensación de ardor o dolor y tarda unos días en desaparecer.
La urticaria afecta el bienestar y el estado de ánimo de los pacientes. Aunque el pronóstico suele ser bueno, los brotes repetidos pueden persistir durante mucho tiempo. Los síntomas pueden limitar actividades cotidianas como dormir, hacer deporte, trabajar, y hasta tener relaciones sexuales. Esto puede derivar en un bajo rendimiento escolar o laboral, ya que una cuarta parte de las personas falta al trabajo al menos una vez al mes. La impredecible aparición de las ronchas y la intensa picazón pueden generar ansiedad y depresión. La irritabilidad y el mal humor son comunes, y el paciente puede sentirse aislado e incomprendido por no poder llevar una vida normal.

























































