En promedio, hasta agosto de 2024 los alumnos de educación primaria pública perdieron 16 días de clase. Aunque el 50% de los alumnos asistió en promedio un 86% de los días de clase dictados, solo un 25% logró asistir más del 92% de los días, es decir, faltó menos de medio mes de clase (9 días) en seis meses. Además, un poco más del 25% de los niños no alcanzó a asistir el 80% de los días de clase.
El análisis mensual muestra que abril y julio fueron los meses con mayor asistencia (86%), mientras que marzo registró la asistencia más baja. La menor tasa de asistencia en marzo marca una diferencia respecto a lo observado en los años anteriores, dado que el mes de inicio de clases suele ser el de menor ausentismo. Sin embargo, en 2024 la semana de turismo fue en marzo, a diferencia de los años anteriores1, lo que probablemente haya incidido en la menor asistencia de los alumnos a clase.
En agosto, el 66,3% de los alumnos de primaria pública tienen ausentismo crónico, ya que faltaron al 10% o más de los días de clase. Se observa un aumento continuo en la proporción de alumnos con ausentismo crónico mes a mes. El mayor incremento se registra en mayo, cuando la cifra pasa de 11,5% en abril a 34%. Este aumento significativo durante los primeros meses del año escolar muestra la necesidad de identificar a los niños con ausentismo crónico lo antes posible, para implementar de forma temprana intervenciones oportunas. En el mes de junio, casi el 50% de los alumnos se había ausentado de las aulas el 10% o más de los días lectivos, lo que equivale a al menos 12 faltas acumuladas hasta dicho momento del año.
El ausentismo parece estar determinado por el contexto socioeconómico y cultural de la escuela. Los centros con población más vulnerable presentan, ersistentemente, las mayores tasas de inasistencia diaria, a la vez que tienen los mayores porcentajes de ausentismo crónico.
Asimismo, entre los ausentes crónicos, la brecha entre la tasa de asistencia de las instituciones con mayor y menor nivel socioeconómico se amplía de forma continua durante el período. Por tanto, los alumnos de contextos socioeconómicos más vulnerables tienen más probabilidades de ser crónicamente ausentes y presentan los menores niveles de exposición a clases.




























































