La localidad de Morón, en el centro de Cuba, se convirtió en el epicentro de una manifestación sin precedentes.
El ataque directo contra la sede del Partido Comunista de Cuba (PCC) no solo rompe con el histórico control territorial del partido único, sino que expone la profundidad del descontento social en un contexto de colapso energético y desabastecimiento crítico.
El incidente, ocurrido durante la madrugada, escaló rápidamente de una protesta pacífica por los prolongados apagones a una acción directa contra el inmueble oficial.
Los manifestantes lanzaron piedras contra la entrada e incendiaron mobiliario en la vía pública. El Ministerio del Interior confirmó la detención de cinco personas vinculadas a los disturbios.
La raíz de esta explosión social se halla en una crisis energética que ha llevado a la isla al borde de la parálisis total. Los ciudadanos, agotados por jornadas de más de 24 horas sin luz han transformado los «cacerolazos» nocturnos en una rutina de protesta.
El gobierno cubano vinculó directamente esta crisis con la política exterior de los Estados Unidos. Durante sus recientes declaraciones, Díaz-Canel señaló que el país se encuentra asfixiado por un «cerco petrolero» que se ha recrudecido significativamente.
Según los datos oficiales, desde principios de año no ha ingresado combustible a la isla debido a las sanciones.
Fuente: N.A.

































































