Un fuerte intercambio se registró en el Parlamento durante la interpelación al ministro del Interior, Carlos Negro, donde el senador colorado Andrés Ojeda y la legisladora frenteamplista Blanca Rodríguez protagonizaron un encendido debate sobre la seguridad pública, el rol de la educación y el uso de la fuerza en el combate al delito.
El momento de mayor tensión se produjo cuando Ojeda cuestionó la viabilidad del enfoque del Frente Amplio y lo comparó con un “Nokia 1100”, aludiendo a un modelo obsoleto frente a las demandas actuales. “No podemos combatir la inseguridad con un Nokia 1100”, expresó el legislador, quien además exhibió dispositivos antiguos para graficar su crítica y sostuvo que ciertos discursos “quedaron en otro tiempo”.
El senador defendió una postura más enfocada en el uso de la fuerza para enfrentar el delito en el corto plazo, argumentando que si bien la educación es relevante, sus efectos son a largo plazo. En ese sentido, cuestionó lo que consideró una falsa dicotomía entre educación y acción inmediata en materia de seguridad. También hizo referencia al modelo aplicado por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, señalando que Uruguay debería debatir con mayor realismo la situación carcelaria y el contexto actual del crimen.
Por su parte, Rodríguez rechazó los planteos de Ojeda y defendió el enfoque integral del Frente Amplio, centrado en la formación policial y el fortalecimiento institucional. La senadora subrayó que la educación cumple un rol clave tanto en la prevención del delito como en la rehabilitación de las personas privadas de libertad, y calificó como “lamentable” considerar que no tiene incidencia en la seguridad.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos de adoptar modelos punitivos extremos como el de El Salvador, al señalar que pueden implicar una pérdida de derechos en nombre de la seguridad. En contrapartida, destacó que el plan impulsado por su sector apuesta a una Policía más capacitada, con formación continua y especialización en áreas como investigación, análisis criminal, salud mental, violencia de género y cibercrimen.
El cruce dejó en evidencia dos visiones contrapuestas sobre cómo enfrentar la inseguridad: una más orientada a la respuesta inmediata y el endurecimiento de medidas, y otra que prioriza la formación, la prevención y el fortalecimiento de las capacidades del Estado.
































































