El pontífice llamó a custodiar “una magnífica humanidad habitada por Dios”, promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz, según su primera encíclica, publicada este lunes 25 de mayo.
En el documento enviado a los obispos, León XIV enumera los fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia.
Entre los primeros, incluye la dignidad de la persona y señala que es necesario recordarlo, ya que “la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos”, puede reducir a la persona a “un recurso que se usa y se explota” o a “lo que realiza o produce”.
Dado que la IA no puede «ser considerada moralmente neutra», conviene «desarmarla» para «impedir que domine al ser humano», sostiene el papa, que insiste en la necesidad de un código ético común sobre esa tecnología, así como en el papel crucial de la educación para aprender a dominar sus riesgos.
Hoy en día, «el control de las plataformas, de las infraestructuras, de los datos y de la potencia de cálculo no pertenece a los Estados, sino a grandes actores económicos y tecnológicos» que «fijan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las posibilidades de participación», lamenta el sumo pontífice.
El papa arremetió también contra «las nuevas formas de esclavitud» surgidas para extraer los recursos necesarios para el uso de la inteligencia artificial (IA) y reclamó «soluciones tecnológicas más sostenibles para reducir el impacto en el medio ambiente”.
«En ciertas regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas triturando materiales de los que se extraen las tierras raras. Cuerpos marcados, mutilados, desgastados para que el flujo de cálculo no se interrumpa», denunció León.
Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia, que destaca el papa, es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida “desde la concepción hasta su final natural”. Sobre esto el papa define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como “decisiones gravemente ilícitas”.
Aunque técnicamente las encíclicas son cartas dirigidas a los obispos católicos, en las últimas décadas se han convertido en mensajes de los Papas al mundo, que fijan una posición de referencia sobre cuestiones sociales, morales o teológicas.































































