En una conferencia de prensa cargada de definiciones, el presidente de la república Yamandú Orsi puso el foco en una problemática que según afirmó, ha alcanzado una dimensión crítica en Uruguay: la situación de las personas que viven en la calle. Con un tono enfático, sostuvo que “vivir en la calle no es una opción”, subrayando la necesidad de abordar el fenómeno como una prioridad nacional.
El dirigente señaló que no se trata de una realidad acotada a Montevideo, sino de un problema extendido en todo el territorio, cuya magnitud ha crecido de forma sostenida en la última década. Según datos manejados, la cantidad de personas en situación de calle se habría triplicado en ese período. Solo en 2024, más de 11.000 personas utilizaron dispositivos de alojamiento, cifra que ascendió a 13.597 en 2025, lo que representa un aumento cercano al 20%. Actualmente, los más de 8.000 cupos disponibles están completamente ocupados.
Orsi también hizo hincapié en las múltiples causas que confluyen en esta realidad. Entre ellas, destacó que más del 60% de quienes viven en la calle pasaron por el sistema penitenciario, así como la incidencia de las adicciones, la presión del narcotráfico en determinados barrios y los problemas de salud mental, que presentan una alta prevalencia.
El presidente remarcó que el fenómeno debe ser entendido como un problema integral que involucra seguridad, salud, vivienda y políticas sociales. En ese sentido, reconoció que, si bien el Estado ha incrementado las respuestas en los últimos años, estas no han sido suficientes para revertir la tendencia creciente.
Asimismo, advirtió sobre una “rueda que no deja de girar”, en referencia al aumento de la población privada de libertad -que pasó de 16.000 a 17.000 personas- y su vínculo con la posterior situación de calle.
Finalmente, Orsi anunció la presentación de una batería de medidas orientadas a atacar las causas estructurales del problema. El objetivo indicó, es frenar el crecimiento, amortiguar el impacto y avanzar hacia soluciones de fondo. “Es una situación que nos rompe los ojos y el alma”, concluyó, dejando en claro la urgencia de una respuesta más profunda y sostenida en el tiempo.
























































