En una velada cargada de emoción y memoria, la figura de Julio Sosa volvió a cobrar vida en Buenos Aires. A cien años de su nacimiento, la Embajada de Uruguay en Argentina y el Consulado General organizaron un homenaje que reunió música, historia y sentimiento rioplatense en honor a una de las voces más emblemáticas del tango.
El encuentro tuvo lugar el pasado 29 de abril en la residencia oficial del embajador, ubicada sobre la avenida Figueroa Alcorta, en el distinguido barrio de Palermo Chico. La noche estuvo marcada por la actuación de la orquesta “Siempre Tango”, junto al reconocido intérprete Tabaré Leyton, quienes ofrecieron un espectáculo que evocó con intensidad el legado del artista homenajeado. Entre los presentes se destacó la participación del embajador uruguayo en Argentina, Diego Canepa.
Julio Sosa, nacido el 2 de febrero de 1926 en Las Piedras, inició su camino en la música tras una juventud marcada por diversos trabajos informales. Sus primeros pasos como cantante los dio en su ciudad natal, integrando la orquesta de Carlos Gilardoni. Más adelante se trasladó a Montevideo, donde formó parte de agrupaciones dirigidas por Hugo Di Carlo, Epifanio Chaín, Edelmiro D’Amario y Luis Caruso. Fue con esta última orquesta que logró grabar sus primeras cinco canciones en 1948 para el sello Sondor.
El gran salto llegó en junio de 1949, cuando se instaló en Buenos Aires, ciudad que lo consagraría como una figura central del tango. Allí desarrolló una carrera que lo posicionó como uno de los cantores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Durante su trayectoria en Argentina, integró las orquestas Francini-Pontier, Francisco Rotundo y Armando Pontier.
A comienzos de la década del 60, decidió iniciar su etapa solista. Para ello convocó al destacado bandoneonista Leopoldo Federico, con quien consolidó una serie de grabaciones que marcaron un punto alto en su carrera y reforzaron su vínculo con el público. En 1962, además, incursionó en la música criolla, registrando doce temas junto a un conjunto de guitarras dirigido por Héctor Arbelo para el sello Columbia.
Su presencia también llegó al cine con la película musical Buenas noches, Buenos Aires, dirigida en 1964 por Hugo del Carril. Fue el periodista Ricardo Gaspari quien lo bautizó como “El Varón del Tango”, apodo que quedó inmortalizado como título de su primer disco de larga duración.
La vida de Sosa tuvo un final trágico el 26 de noviembre de 1964, cuando falleció en un siniestro de tránsito. Sus restos fueron sepultados inicialmente en el Cementerio de Chacarita, en Buenos Aires, hasta que en 1987 fueron repatriados a Uruguay, donde descansan en el Cementerio de Las Piedras, en Canelones.
A un siglo de su nacimiento, el homenaje en la capital argentina no solo recordó su voz inconfundible, sino que reafirmó su vigencia como símbolo cultural del Río de la Plata.




























































