Tenés una carrera extensa. Empezaste por allá en el año 1994 cuando estaba Plop al aire, pasaste por la co-conducción con Rada, cupletera en carnaval, actriz y conductora de Consentidas desde el año 2006. ¿Qué sentís cuando repasas tu carrera?
A veces lo tengo que hacer como un ejercicio para recordar todo el trabajo que he hecho, porque el trabajo de un artista siempre es bastante sacrificado, en relación, no solamente a ganarte la vida y la remuneración, sino que también el trabajo de un artista tiene mucho que ver con lo creativo y lo emocional, con lo que está viviendo la sociedad en ese momento.
Uno puede brindar algo significativo que la sociedad desea, y al mismo tiempo que a una le sea significativo también, porque no siempre vamos en la misma melodía que va todo el mundo.
Creo que los artistas tenemos como esa posibilidad de ser (yo diría) traficantes de utopías y sueños. De poder brindar con el arte, un espacio donde la sociedad pueda sanarse, reflexionar sobre sí misma, donde se sienta interpelada. Y eso en un momento donde estamos viviendo muchos extremos, formas de violencia, extremos de la tierra, que nos está diciendo basta, con incendios, inundaciones, ciclones, un virus; y también con una precarización de la vida en el sentido de que estamos avanzados tecnológicamente pero humanamente no llevamos el mismo ritmo.

Entonces cuando miro mi carrera, acompañada de los distintos proyectos en los que he estado, las personas con las que he aprendido tanto, y que han significado para mí un insumo de poder seguir cabalgando, me pregunto: ¿cómo yo, siendo en algunos sentidos insegura (porque a veces me siento como insegura) llegue hasta aquí.
Se te ve muy plantada y con una gran energía…
Claro, no todo lo que vemos es lo que es. Lo que se ve es producto de mucho trabajo sobre mí misma, espacios terapéuticos y reflexiones, lecturas, largas charlas con amigas, si hay algo que soy es una persona sana, dinámica y trato de encontrar las palabras precisas para expresar un mundo complejo en el que vivo desde que nací.
Soy consciente de mis emociones, muy intuitiva también por el oficio de actriz, esto de poder encarnar la psicología detrás de otra persona me ha llevado a desarrollar ciertas intuiciones.
Por eso cuando miro todo lo que hice, y de cómo me animaba siendo tan chiquita (porque a los 16, 17 o 18 años es cuando una empieza a ensayarse como adulta), me animaba a tocar puertas y me sorprendo.
Me pasa seguido mirar lo que hice el año anterior, o por ejemplo este año, y siento que me faltan horas del día, siempre siento que me falta energía.
Estoy tratando de acompañar este proceso de los 47 años, porque no es lo mismo para una mujer los 17, los 27, los 37 o los 47 años.
También en tu sitio web te definís como madre, y aclaras los sábados. ¿Cómo compatibilizar la familia con tus tareas diarias de trabajo?
La maternidad me transformó mucho y me dio un montón de impulso y de fuerza. Organicé mis valores de vuelta, siendo madre.
Entendí todo mucho más y amo ser mamá. Disfruto mucho del ejercicio de ser madre, es súper estresante la parte de los límites, de los básicos, lavarse los dientes, la ropa limpia. Cuando son chiquitos podés disfrazar el límite con juegos. Por ejemplo, les decís: ¡Vamos a bañarnos lalalalalala! Y les encanta, pero cuando tienen 11 años si querés jugar así, te miran raro como diciéndote ¿eh?
A veces me transformo en madre medio “youtuber”, o en algún personaje de videojuegos, pero cuando se me va la creatividad siendo las 22:30 de la noche, y nadie se lavó los dientes, ni se bañó, bueno esa hora es el límite.
Soy madre hasta 22:30 y después quiero leer un libro, terminar el trabajo que no pude terminar en la tarde, o ver alguna peli con Fer o tomarme un vasito de vino. A veces no lo logro, pero hay días que sí.

Doña Bastarda fue tu vuelta al carnaval en 2022. ¿Qué significó para vos en lo profesional y en lo personal?
Fue un aprendizaje enorme, sobre todo aprendí muchísimo cómo se están parando los chicos, la nueva camada de grises, porque tienen 20 años menos y pueden hablar con todo el oxígeno a pulmón, sin ninguna costilla rota. Porque el 12 de febrero tuve un golpe en un tablado que creo que me fisure ahí la costilla. Pero me hice la placa cuando terminó carnaval porque sabía que me iban a mandar quietud y no podía quedarme quieta. Fue terrible. Pero respondiendo tu pregunta, eso fue entender un poco más de qué van las nuevas cabezas, me encantó conocer a la murga Doña Bastarda, la historia que es breve, pero intensa y hermosa.
Fue reencontrarme con un público ávido, después de haber estado tanto tiempo sin carnaval, pero al mismo tiempo, con ganas de escuchar algunas cosas (y yo poder decirlas) gracias a los textos de los chicos y gracias a que me dejaron participar en alguna medida de los textos también.
¿Fue una forma para ti de expresar aquello en lo que no estabas de acuerdo?
Claro, y debuté – digamos – como pequeña libretista y me encantó. Además, la gente lo recibió divino. Eso fue otra cosa genial, reencontrarme con un nuevo público del que yo me había distanciado, porque la última vez que había hecho carnaval, había sido en el 2002, hacía 20 años que no me subía, a un tablado.
Mucha gente que me conocía sólo de la tele, me vio por primera vez actuar en carnaval. Fue una emoción reconocerme ahí, en esos aplausos, en esas miradas sororas de las mujeres sintiendo que alguien estaba diciendo lo que hacía tiempo ellas querían oír arriba de un tablado. Yo tenía muchas ganas que fuera hermosa la experiencia, pero pasó el límite de lo que yo hubiera esperado y mis expectativas.

En 2020 advertías que había cosas, ya en ese entonces, que no te habían gustado de la LUC, que luego fue sometida a plebiscito. ¿Militaste contra aquello que no compartías?
Mi militancia es más social que política, digamos. En este sentido, cómo era un referéndum, tampoco era partidario. Participé de espacios de debate, como estudiante de la UDELAR, también, en espacios de reflexión sobre algunos artículos que tenían una consecuencia bastante perjudicial para el sentido público de la educación y hasta allí.
Después tuve la oportunidad de participar con el arte, de poder decir sobre el escenario algunas cosas y la campaña pro referéndum apoyó de alguna manera, algunas iniciativas artísticas de las que yo formé parte. Pero de ahí a militar explícitamente como figura, no.
Estoy con mi trabajo como artista, como locutora, con mi trabajo como estudiante, que se puede decir trabajo, porque trabajamos mucho los estudiantes. En aquel momento, en 2021, tuve algunos espacios en la radio 107.7, Uniradio, que es la radio de la Universidad, donde se armaron mesas de debate que yo coordiné y moderé.
Pero no fue una militancia explícita partidaria, me cuido mucho de no tenerla. En este caso que no era partidario, pero si se entendía que una gran parte de la iniciativa para derogar algunos artículos de la LUC, forman parte de la oposición del gobierno actual.
Te declaras feminista. ¿Cómo explicarías serlo en el Uruguay de hoy y por qué?
Ser feminista y ser figura pública en el Uruguay es un tema controversial para algunas personas decisoras en los medios, que sienten que hay un nivel de militancia social, con un tema que es bastante delicado y deja por fuera a una audiencia conservadora, que quizás no sea tu línea de pensamiento.
Aunque en realidad una puede ser feminista y puede ejercer su profesión sin que se “le note”.
Puede serlo con muchísimo trabajo y un sentido común enorme. Aunque hay algunos aspectos relativos a la comunicación, hay algunas preguntas que no puedes dejar de hacer, más allá de ser feminista o sentirte de un lado de los derechos humanos. O sea, del lado de los derechos, no de un lado del derecho.
Una tiene que encontrar los espacios donde poder hacerlo, sin que el costo de tus ideas sea alto, en el sentido que afecte profundamente lo laboral.

Hay un preconcepto instalado de que las feministas, al menos las que tienen una postura tal vez un poco más radical, imaginan un país sin hombres. ¿Compartís esa visión?
Hay muchas ideas que están tergiversadas. Hay una campaña en contra de los derechos de las mujeres, que está muy bien orquestada, muy bien financiada.
Hay recursos económicos destinados a eso desde diferentes ámbitos, por ejemplo, el más conservador del sector político partidario y también desde el ámbito religioso y espiritual. Pero bueno, esto está corroborado. No estoy diciendo nada que no haya sido investigado periodísticamente y sociológicamente en los últimos tiempos.
También hay una campaña de buena comunicación, la del conservadurismo y de la policía, de políticas anti derechos.
¿Esto puede deberse a que en instituciones y en los medios, en su mayoría los cargos decisorios los ocupan hombres?
Claro, y también tiene que ver con una relación histórica, que las mujeres, (incluso dentro de los medios de comunicación), cubren más social, política, salud, cultura, que es lo que es, por ejemplo, política partidaria.
Si vos mirás un informativo los noteros varones están más en la torre ejecutiva, en el legislativo y las mujeres haciendo informes y reportes o columnas gastronómicas, de espectáculos. Es muy frecuente, entonces ahí lo vemos como una desigualdad más de jerarquía.
Pero además hay como una desigualdad más horizontal, en el sentido de temas a tocar también. Todavía hay como un estereotipo de género en torno a que las mujeres pueden cubrir entre comillas, “mejor ciertos temas que otros” y los varones, también, como un paralelismo que capaz quedó medio viejo.
Pero hace 20 años o 30 años, cuando las mujeres todavía no teníamos la plata para comprar nuestros autos, manejábamos mal. Era muy común cuando había un problema en el transito que algún hombre dijera: ¡Mujer tenía que ser!
Pero unas décadas después de que las mujeres tenemos la misma cantidad de “horas de vuelo” al volante que los hombres, eso no es así, aunque algunos mantienen ese estereotipo.
Hoy hay senadoras que están planteando leyes como la de tenencia de los hijos, leyes relacionadas con mujeres. Están en una posición de privilegio, pero no están pudiendo ver cuál es su posición de privilegio.
Yo creo que todavía ser feminista en Uruguay es complejo porque todavía hay mujeres que te dicen que el machismo no existe. También te dicen que el machismo no tiene nada que ver con la clase social y si existe, con la raza, la condición étnica, ni tu lugar de nacimiento. Sabemos que hay mujeres pobres que están bajo la pata muchas veces de otras mujeres que están en situación de privilegio.
Entonces debemos vernos y hacer nuestra propia autoevaluación y discernir qué lugar de privilegio estás ocupando con la educación que pudieron darte tus padres.
El Estado es quien debería darnos esta educación, pero lamentablemente no alcanza, no está alcanzando. Por eso, numerosas veces los padres se endeudan para que vos conformes un capital cultural que te permita defenderte en la vida más adelante.
Eso fue una inversión y este es un lugar de enunciación que tengo yo, mujer blanca, de rulos, pero no soy afro, de mediana edad, con dos hijos bien alimentados que puedo educar y darles de comer todos los días, o sea, es un lugar de privilegio.
Tengo un techo, tengo una estufita, tengo un vehículo para moverme y tengo una red de personas que me pueden sostener si yo me caigo. No todas las mujeres están en esa situación y deberíamos poder ponernos en ese lugar para poder legislar.

Pero también, hay hombres que están en esa situación y yo creo que ese es el punto ciego de algunos feminismos que deberíamos poner sobre la mesa.
Acá no se trata de inflar la posibilidad de privilegios de las mujeres, o la posibilidad de acceso a los derechos humanos de todas las mujeres, sino la posibilidad de revertir una histórica desigualdad en la que aparecemos las mujeres, sin posibilidad de comer, alimentarnos, de tener una vida digna, un techo digno y acceso a las mismas cosas que tienen algunos varones. Y repito, y subrayo esto: algunos varones.
Porque hay otros que capaz que son violentos, pero tampoco acceden a un montón de cosas. Entonces, cuando algún feminismo solo piensa en la igualdad y la posibilidad de que las mujeres accedan a los mismos derechos y las mismas garantías que los hombres y nada más; no está mirando todo lo otro.
Así que en realidad yo soy más como proclive a pensar que los feminismos tienen que interpelar todo el sistema. Y no sólo los feminismos también el ecologismo, también algunos partidos políticos deberían empezar a pensar qué concepto de desarrollo estamos manejando.
Siento que hoy en día en Uruguay no existe ninguna propuesta política partidaria que aborde este tema como a mí me gustaría, como a algunos feminismos en Uruguay les gustaría. Creo que estamos, muy lejos de eso.
En una entrevista con Gente Uruguay dijiste que priorizaste a tu familia para que tus hijos tuviesen comunidad. ¿Eso implicó dejar de lado oportunidades laborales para poder estar con ellos?
No, yo tuve el privilegio de poder hacer todo lo que quise, sinceramente. Creo que esto de “dejar” se ve como algo que quedó en el debe y no es así. Claro que tengo pila de ganas de hacer cosas, pero me gusta estar con mis hijos, siento que agradezco todos los días tener hijos sanos, empáticos, con amigos, alegres.
Lo agradezco todos los días y a veces siento que no me lo merezco, pero también sé que es algo producto de una planificación, no es que tuve “suerte”. Lo planificamos con Fernando, lo vimos juntos, lo hablamos. Es algo que queremos los dos y siento que las mujeres tenemos esa mochila pesada. Porque no es fácil para nosotras conciliar la profesión y la maternidad, es un sistema que premia el exitismo fuera de casa, que penaliza la maternidad.

¿Sentís que el sistema también “penaliza” al hombre que comparte y ayuda con la crianza de los niños, o con tareas de la casa?
Sí, pero tenemos que decir: Ladran Sancho. Que haya niños que tengan la referencia de un varón cuidando es muy importante. En casa mete más horas al laburo Fernando, que yo fuera de casa.
A veces es una conversación de pareja, el ver cómo podemos hacer para que vos puedas estar un poco más aquí, que ellos puedan también tener una referencia más regular de un papá cuidando. Pero no es un tema en casa, porque Fernando es muy compañero y además es muy activo en sus roles de cuidado. O sea, en casa últimamente ya gritan: ¡Papá!, además de ¡Mamá!
También señalaste en esa nota que el humor te salvó muchas veces. ¿A qué te referías en concreto?
Por personajes que he tenido que interpretar en momentos críticos de crisis, separaciones de parejas, o fallecimientos de personas muy queridas.
El humor, las luces, el tener que compartir alegrías (porque uno no está ahí para tirarles todo el bardo de tu vida) y es un poco el oficio, la profesión, el profesionalismo también.
Es verdad que las tristezas compartidas no son tristeza. Son momentos de agua necesarios, de llanto necesarios; pero se hace mucho más liviano encontrarse con otro, con otra para poder decirle lo que te pasa y que el otro no te juzgue, que no te diga lo que tienes que hacer, que te escuché nada más y se ría un poquito de voz y te de un abrazo o te alcance un tecito. Al otro día sos otra persona.
Yo creo que las grandes depresiones que estamos atravesando, y la ola de suicidios que se ven, tiene que ver con un nivel de soledad, con la falta de empatía con la tristeza del otro, de poder decirle al otro que cuenta contigo y contar con el otro. Es un abrazo, no necesitas que nadie te venga a decir cómo hacer tu vida ni cómo sentirte.

Sos Operadora en psicología social, ¿cómo compatibilizas tu tarea de comunicadora con esta otra faceta?
Nunca ejercí como psicóloga social, pero sí las herramientas que me brindó la carrera me sirvieron para ejercer como comunicadora, sin duda, y también como actriz, en los distintos grupos donde he participado. Ahora estoy como estudiante de la Licenciatura en Educación y hay muchas cosas que estoy viendo, que quizá las vi hace un tiempo. Estoy rememorando ciertas líneas teóricas y muchos puntos de la Psicología Social que se dan la mano con la Pedagogía Social y con la Educación Social.
En tu sitio web señalas que intentas recorrer con tus ojos y tu voz otras llanuras. ¿Cómo lo explicas?
Ay!, yo creo que viajar tendría que ser un derecho humano. Yo en una ONU ficticia votaría para que viajar sea un derecho humano porque a mí me ha abierto mucho la conciencia.
He cambiado mucho de opinión gracias a los viajes, prejuicios que tenía, he aprendido más de la diversidad del mundo y de la riqueza del mundo. Porque vos te desarrollas en un solo lugar como persona y por suerte tienes acceso a los libros, podes viajar con tu imaginación y está buenísimo también. Yo creo que los libros son una gran herramienta de igualdad, de justicia social y de apertura de la creatividad y la imaginación.
Pero si podés pagarte un pasajecito e irte a algún lado, mejor. De hecho, yo descubrí tempranamente a los 18 o 20 años, esto del club de hospitalidad en Europa, que después se llamó Coach Surfing. Así que te pagas el pasaje, te recibe alguien en la estación, te lleva a la casa de otra persona. De repente haces unos mandados, o le llenas la heladera, a cambio de que puedas dormir en su sofá y conocer de la mano de alguien que vive en esa ciudad.
Gracias a eso comprendí que una va llenando el alma de fotos y de imágenes y te vas nutriendo de esa capacidad de poder ponerte en el lugar de otro, con otro color de piel, otra forma de comunicarse, otro lenguaje, otros valores distintos. Y siempre que volvés a Uruguay, a tu tierra, volvés con algo de eso que te queda un tiempo, como un perfume intenso y después se va diluyendo. Volvés a ser la uruguaya, con el termo bajo el brazo paseado por la feria de Tristán Narvaja, preguntándome que voy a hacer con mi vida, a las cuatro de la tarde de un domingo y es la señal de que es hora de volver a viajar.

Descubrí dentro de Uruguay parajes alucinantes gracias al libro, “Guardianas” y a la conducción del documental de Discovery Channel.
No necesitas irte tan lejos, ni tomarte un avión para poder charlar con la gente que vive a otro ritmo, que realmente tiene una calidad de vida superior a la que tenemos las personas que estamos en las ciudades y que está “guardianando” un territorio que está siendo subestimado por quienes vivimos acá, en el sentido de que de repente miramos a quien vive en el campo, o en una chacra y pensamos que le falta esto, o le falta el otro. Pero desde allí nos damos cuenta de los que nos alta a nosotros.
Vemos que nos quejamos porque no tenemos el aire, que estamos a mil, que no tenemos un momento de descanso y que estamos una hora y media arriba de un transporte público para llegar a las ocho horas de trabajo. Y allí, cuando observas eso pensás: ¿para qué?
Entonces los otros paisajes tienen que ver con esto, con poder retratar algunos cambios de vida, de rutina, incluso rutinas alimenticias y nutritivas; de pensamiento, y el libro Guardianas nos trae mucho de eso, de la capacidad del espíritu, del alma, de los pensamientos, de los afectos y de las relaciones sociales que mantenemos diariamente. Puede ser con el de la esquina del kiosco, o el guarda del ómnibus, o el de la feria, pero finalmente, cómo activar la sanación en esa relación.
¿Cómo fue la experiencia de Guardianas?
Fue y es un libro que me sigue dando muchas sorpresas y revelaciones personales.
De la gente que ha accedido al libro, las devoluciones han sido maravillosas. Se han sentido muy identificadas, con ciertos pasajes y se han sentido también impulsados después de la lectura o inspirados para empezar un camino de autoconocimiento, de afianzamiento de sus relaciones, de sanación de sus vínculos con la naturaleza y con otros seres humanos y no humanos.
Ha sido súper emocionante para mí, porque ese era uno de los objetivos.

Una cuando empieza un proyecto, sobre todo editorial y también de investigación cómo fue este, tiene como meta distintos objetivos: generales y específicos, y fueron cumplidos.
Superó mis expectativas. Porque se fueron sumando personas muy luminosas al proyecto. Gracias a Nadia Carreras de ”Cosas buenas” pudimos hacerlo accesible, ahora estamos hablando con la editorial para que la próxima edición de esta saga de Guardianas (que no sabemos cómo se va a llamar, todavía) sea más accesible e incluya un audiolibro con mi propia voz.
Entonces me parece que cerró por todos lados. Todos aprendimos, la editorial tuvo que aprender que los tiempos de edición de un libro son otros, el packaging, para que el braille no se aplaste, no puede ser en grandes cajas y creo que era una gran alegoría del mundo que yo quería presentar, en Guardianas, este mundo del cuidado, el mundo del pequeño packaging, de esto de los círculos pequeños, poder encontrar una voz a cada uno de los integrantes de ese círculo y que cada voz pudiera ser escuchada en forma cuidada.
Creo que vamos por ahí, quiénes queremos otro mundo para nuestros hijos, vamos por ahí.
Somos un portal de Punta del Este, ¿Qué te conecta de este destino con tu niñez o adolescencia? ¿Qué recuerdos tenés?
Yo viví hasta los 17 años en Punta del Este. En Maldonado también, pero más en Punta del Este, toda mi infancia. En esa época mi papá era una gran referencia y oír las historias de sus emprendimientos, de los amigos que él tenía y los socios, era todo muy importante.

Yo no sabía mucho, no entendía, porque era una niña, pero después lo comprendí y después también lo peleé. Trato de honrar a mi padre, honrar su trabajo, el amor con el que él dedicó gran parte de su vida a sus proyectos. Era un hombre muy, muy generoso. Aún mucha gente me para en Montevideo y me dice que lo recuerda con mucho cariño, y también a mi madre.
Mi padre llegó en el año 47 a Punta del Este, cuando había muchos médanos en la punta, así que imagínate. Para mí Punta del Este, son mis raíces, los cimientos desde mi árbol genealógico. Punta del Este, Pan de Azúcar, Playa Verde, que es donde tengo una casita. Todo el este, es para mí inspirador y eso es como la planta de mis pies, es el perfume que me inspira, que me impulsa.
También me impulsa a pensar. Y a pensar un turismo diferente, al que pueden acceder todas las personas de este territorio y de otros. Pienso en eso y en que papá siempre decía, que – si bien él vivía del turismo – en realidad se sostenía con lo que compraban o consumían todas las personas durante todo el año, sobre todo los trabajadores del turismo.
Entonces, recuerdo que a papá le importaba mucho que el trabajador que vivía del turismo tuviera calidad de vida durante todo el año, que se capacitará y tuviera proyectos.
Llegó a Maldonado con su oficio de talabartero y tapicero, y con sexto año de escuela terminado. Ahora lo puedo decir porque falleció, pero me mataría si supiera que lo estoy contando. Y lo digo con mucho orgullo porque era un autodidacta, como también lo fue seguramente mi abuelo y los que formaron parte de una generación importante del 20 y del 30 en Uruguay, hijos o nietos de inmigrantes que sabían de todo un poco para sobrevivir, pero lo que no sabían aprendía con una gran fuerza de autodidactismo.

Yo creo que heredé muchísimo de eso, y ahora que miro para atrás, cada experiencia laboral, cada oportunidad, cada puerta que se me abrió siempre lo tomé como una escuela para aprender. Para aprender tenés que entrar sabiendo que no sabes, pero no diciéndole a todo el mundo “Yo no sé, nada”, sino diciéndotelo a vos mismo y diciendo “quiero aprender”, “¿cómo es esto?”.
Así entre al elenco de Plop, y a distintos espacios de teatro independiente en Montevideo, a muchos lugares. Con la sensación de que sabía que venía a aprender y aun sabiendo, entrar en lugares y decir, esto es nuevo para mí, yo sé, pero capaz que no sé lo suficiente, o capaz necesite un dato más.
Claro que el gran desafío de la educación hoy en día es la velocidad con la que los conocimientos son actualizados y hoy tenemos que ser más sabios para desaprender y reaprender con una mayor velocidad con un ritmo diferente.
En fin, Punta del Este es eso para mí, allí están mis hermanos del alma, con los que me llevo divino: Guillermo, Marcela y mis sobrinos. Está mi mamá que acaba de cumplir 75 años, están alguno de mis tíos que se fueron a vivir ahí (que son de Durazno), está el hermano de mi padre, el único que queda vivo, en Piriápolis.
En Maldonado está mi base afectiva. De hecho, para criar a mis gurises me costó, porque no tenía una madre o una tía cerca y es todo un tema eso.
¿Cómo te sentís en el teatro?
Es como un amor de toda la vida para mí. Si mi base afectiva está en Maldonado, mi base de todo está el teatro, porque ahí es el lugar donde me pongo a prueba, donde no siempre paso bien, porque paso muchos nervios, pero un nervio que me gusta (y sarna con gusto…)
Y en este caso, con esta obra, es el sueño de mi vida trabajar con el elenco de la comedia nacional en una situación súper linda con la dirección de Jimena Márquez, en un momento también del mundo, en el que empezar a pensar las vejeces desde un lugar de risa y poder encontrarnos a nosotros mismos, riéndonos de nuestros propios errores o defectos, es genial.
“Esperando la carroza”, viene a decirnos, esto: ¿En qué lugar tenemos a estas vejeces? O qué lugar estaremos ocupando en un futuro próximo nosotros, porque quien no tenga 50 años y no esté planificando su vejez está en un craso error.
Entonces estoy muy contenta, ya terminamos los ensayos y estaremos en el Teatro Macció de San José, con una gira por el interior para en octubre aterrizar en la Sala Verdi.

¿Cuál sería un sueño para el futuro que quisieras compartir con nosotros?
Me veo así: recorriendo Latinoamérica y el Mundo, en principio, Latinoamérica, entrevistando, conviviendo con chamanes y chamanas de distintas culturas haciendo documentales.
Aprendiendo de cine (que no sé mucho), pero me gusta mucho, cuando agarro la cámara no me va tan mal, me dijeron personas que saben de esto. Me veo capacitándome también, para poder dirigir en un futuro una peli y obviamente, también necesitaría capacitarme un poco como guionista.
Dos sueños en uno: viajar y hacer documentales.
El otro es escribir un unipersonal relacionado a estos viajes y esta sabiduría como más espiritual, territorial, antropológica de nuestro continente. Un unipersonal Pachamama que podría ser un “thriller ecológico” o psicoecológico.
Uno quizás más accesible sería poder tener un espacio de comunicación regular, un canal o una productora que genere contenidos por Youtube o tener una plataforma y reunir a todas las comunicadoras, sobre todo mujeres que estamos sin aire en este momento y empezar a hablar de lo que queremos hablar.
Más allá de que la gente lo escuche o no, pero empezar a hablar de lo que queremos hablar, no de lo que nos marque la línea editorial del medio privado, sino poner en común nuestros mojones, nuestros cimientos, ver de qué queremos hablar nosotras, que no estamos en los medios ahora, que nadie nos dice más o menos cuál es el formato al que nos tenemos que adaptar.
























































