Autodenominados como la policía mundial, los Estados Unidos ha tenido, en los últimos años, un rol activo para avasallar países, escudados en la situación interna que cada uno supo tener en su momento.
Corría el año 1989 y la «Operación Causa Justa» llevó a la caída del entonces presidente Manuel Noriega y la desaparición del ejército en el país centroamericano.
Solo se oyó el ruido de las explosiones: una avalancha de cazabombarderos estadounidenses surcaba el cielo de Panamá en vuelo rasante, dejando un estruendo de turbinas y proyectiles tras de sí.
Arrojaban bombas sobre áreas populares de El Chorrillo -un barrio en pleno centro de la capital, bastión del régimen militar de Manuel Antonio Noriega- destruyendo todo lo que encontraban a su paso.
Aunque el objetivo era el cuartel central de las Fuerzas de Defensa, todo el barrio desapareció entre las llamas, junto a un aeropuerto y varias bases militares en Ciudad de Panamá y en Colón.
El ataque fue perpetrado por más de 26.000 hombres de las unidades de élite enviados por George H. W. Bush, el hombre que ordenó la invasión de Panamá aquel 20 de diciembre de 1989.
Noriega era requerido por la justicia estadounidense por delitos de narcotráfico y fue juzgado en ese país tras la invasión.
Cualquier similitud con lo ocurrido este 3 de enero es mera coincidencia.
En 2003, y bajo la denuncia de poseer armas de destrucción masiva, EE.UU. y sus aliados invadieron Irak.
Fue el 20 de marzo de ese año. La invasión marcó el inicio de la guerra de Irak.
Según Kofi Annan, el entonces secretario general de las Naciones Unidas, dicha invasión fue ilegal según el derecho internacional, ya que violaba la Carta de la ONU.
Según el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, las razones para la invasión eran desarmar a Irak de armas de destrucción masiva, las que nunca se encontraron.
El que sí fue encontrado fue el líder iraquí, Saddam Hussein, que fue atrapado, juzgado entre cuatro paredes y ahorcado.
La invasión de Irak provocó una fractura política entre las grandes potencias, que se dividieron entre aquellas que se opusieron activamente a la invasión, como Francia, Bélgica, Alemania, Rusia, China y aquellas que sí apoyaron públicamente a los Estados Unidos, como Reino Unido, España Polonia, Portugal y otras naciones que integraron la coalición.
Este 3 de enero, en horas de la madrugada y tras un bombardeo a objetivos clave, Nicolás Maduro fue levantado en pijama y conducido a punta de pistola hacia los EE.UU que lo juzgará por delitos vinculados al narcotráfico.
Nadie en su sano juicio podría defender estos regímenes ni lo que hicieron, pero dejar la puerta abierta a EE.UU. para decidir que está bien y que no, e invadir en consecuencia, es al menos, peligroso.
























































