En un nuevo 1° de Mayo, el PIT-CNT cerró su acto central con un mensaje de fuerte tono político y social, en el que sus principales oradores coincidieron en advertir sobre el “agravamiento de la desigualdad, el avance de la precarización laboral y un escenario internacional marcado por la guerra y el imperialismo”.
Javier Díaz, José Lorenzo López y Nathalie Barbé reivindicaron la “unidad” del movimiento sindical a 60 años de la CNT, defendieron una agenda centrada en el “trabajo digno, la reducción de la jornada laboral y una seguridad social sin fines de lucro”, y reafirmaron la necesidad de “profundizar la organización para enfrentar los despidos, la pérdida de derechos y las políticas que trasladan el costo de la crisis a la clase trabajadora”.
La integrante del Secretariado Ejecutivo Nathalie Barbé puso el foco en la defensa de los derechos laborales, la crítica a los procesos de precarización y el papel de las empresas públicas, con un fuerte énfasis en la organización y la lucha colectiva como respuesta.
Barbé comenzó reivindicando el lugar de las mujeres en el movimiento sindical. Señaló que “las trabajadoras ocupan espacios de conducción no por cuotas ni formalidades, sino por conquista propia”, y remarcó que son parte activa de todos los logros alcanzados por la clase trabajadora.
Indicó que el 1°de Mayo no es una fecha más, sino una historia de lucha que sigue viva, que nace con los mártires de Chicago, quienes pelearon por la jornada de ocho horas. Subrayó que, pese a los intentos de represión, la rebeldía obrera se expandió por el mundo y llega hasta el presente.
Advirtió que este nuevo aniversario encuentra al mundo del trabajo en una “etapa de retroceso, marcada por señales preocupantes”.
La dirigente sostuvo que el último año estuvo “atravesado por conflictos, cierres de empresas, reestructuras y despidos que afectan directamente la vida de los trabajadores”. Afirmó que estas situaciones “no son casuales, sino resultado de decisiones políticas que promueven la precarización, debilitan la negociación colectiva y trasladan el ajuste a la clase trabajadora”.
Barbé denunció la situación de los trabajadores tercerizados del MIDES, quienes cumplen tareas esenciales -como atención en refugios o acompañamiento a mujeres en situación de violencia- pero “sin garantías básicas, salarios impagos o fuera de fecha, falta de estabilidad, ausencia de licencias y persecución sindical”.
Criticó además el rol de las “ONG intermediarias”, señalando que “manejan fondos públicos con escasos controles, generando un sistema de lucro privado sobre políticas sociales”. Describió consecuencias concretas “trabajadoras al borde del desalojo con sus hijos, deterioro de la salud mental y equipos sosteniendo políticas públicas en condiciones indignas”.
Por otro lado, reivindicó la defensa de la industria cementera estatal, destacando “la lucha de los trabajadores de ANCAP y del SUNCA”. Sostuvo que “el deterioro del sector responde a decisiones políticas de larga data, como la eliminación de la obligatoriedad del uso de cemento estatal en obra pública”.


































































