Francia vivió este martes 6 de octubre una nueva jornada de movilizaciones estudiantiles, con choques entre manifestantes y la Policía en París y Estrasburgo, donde las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos.
Las protestas comenzaron a mediados de septiembre en liceos de los suburbios parisinos y rápidamente se extendieron por todo el país. Los estudiantes reclaman la sustitución de profesores ausentes, mejores condiciones edilicias, jornadas escolares menos extensas y mayores recursos para la educación pública.
El Ministerio del Interior estimó 256.000 manifestantes en toda Francia, 56.000 de ellos en París, mientras que las organizaciones convocantes elevaron la participación nacional a 450.000 personas.
A los estudiantes se sumaron padres, docentes y sindicatos. En distintas ciudades también se registraron bloqueos de centros educativos y episodios de tensión con unidades antidisturbios.
El primer ministro Sébastien Lecornu pidió a sus ministros atender las principales demandas, entre ellas la cobertura de docentes ausentes, la extensión de las pausas para el almuerzo y la revisión de jornadas escolares que pueden extenderse de 8:00 a 18:00 horas.
El movimiento también ingresó de lleno en el debate político. El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, lo calificó como la movilización juvenil más importante de Francia en medio siglo, mientras el Gobierno rechaza las acusaciones de represión y condena los episodios de violencia.
Las protestas se producen además en plena discusión del presupuesto para 2027, en un escenario marcado por los recortes del gasto público y el fuerte endeudamiento francés.











































