El sol se ponía sobre el horizonte y el salón de la Liga de Fomento se llenaba de música. La cita era a las 20:00, pero Guillermo Querejazu comenzó a tocar y la gente comenzó a llegar.
Cada asistente recorrió la muestra de Pintores del Mar y se ubicó en su lugar hasta que Agó Páez Vilaró, junto al empresario Martín Milat, acompañados de Adriana Expósito abrieron el encuentro.
Cuando hablamos de Agó, o de su padre Carlos Páez Vilaró, nada es común, y por ese motivo este encuentro fue especial, lleno de recuerdos, relatos y magia.
El libro cuenta como Don Carlos y su familia llegaron a el lomo de “La Ballena” para construir allí algo que fue mucho más que su casa y un atelier. Casapueblo, esa escultura habitable, gigante y blanca, se transformó con el correr de los años en un ícono de Uruguay. Pero no fue fácil y llevó un proceso.


Agó contó historias y Martín, compartió recuerdos de esos primeros años de Casapueblo y el público, naturalmente participó con preguntas y recuerdos.
Luego, los asistentes se acercaron para llevar su libro dedicado por Agó y plasmar el momento con alguna foto con esa mujer llena de energía y que apunta a “ese arte que es la manifestación del espíritu, desprendido del ego, y que nos ayuda a encontrar nuestro sol, nuestra luz interior”.

























































