La fuerte inflación que atraviesa Argentina, con un registro del 211,4 por ciento en 2023, ha generado un consenso entre expertos económicos sobre un complejo panorama de precios en los primeros meses del año pero con un proceso de eventual desaceleración a partir del segundo o tercer trimestre.
El alza de precios se ha convertido en uno de los motivos de mayor preocupación entre los habitantes argentinos, en un contexto donde sus ingresos difícilmente logran emparejar el vertiginoso aumento registrado el año pasado.
El Director General de Inviu para Argentina, Diego Martínez Burzaco, aseguró que el número de 2023 respondió a un «desequilibrio macroeconómico muy evidente», destacando entre las causas de la fuerte alza de precios la emisión de pesos, algo que, afirmó, «impacta severamente en el poder adquisitivo».
«Es un tremendo golpe, todo eso lleva a un nivel de actividad de consumo menor y nivel de actividad económica que se va a ver muy resentida en la primera parte del año», sostuvo Martínez en diálogo con Xinhua.
«Creemos que de alguna u otra manera va a permanecer relativamente alta la inflación en enero y febrero, hay que ver si el plan de estabilización con el ancla fiscal y el retiro de pesos del sistema financiero comienza a estabilizar los índices inflacionarios conjuntamente con la retracción de la demanda agregada y la recesión, para volver a inflaciones más lógicas sobre todo a partir del segundo trimestre o el tercer trimestre del año», agregó.
Para el 2024, algunos analistas esperan una inflación incluso superior a la del año pasado, un panorama que desafía al Gobierno del presidente Javier Milei, que ha calificado la fuerte alza de precios como un síntoma del que consideran el principal problema estructural de Argentina: el déficit fiscal.
Ante el actual panorama, Claudia Gómez, trabajadora de una peluquería en la ciudad de Buenos Aires, aseguró que la inflación genera un «círculo vicioso de menos trabajo, precios más altos y salarios que no alcanzan».
«Antes, una clienta venía cada mes; ahora, lo hace cada dos o tres meses porque no pueden pagar servicios tan seguido; además, los productos que usamos aquí han subido mucho de precio, pero no puedo llevar todo este aumento a mis clientes porque también vendrían menos», indicó.
Martín Ruiz, encargado de una librería, también en la Capital Federal, aseveró que «los proveedores aumentan los precios constantemente, y acá se tiene que hacer lo mismo con los productos que vendemos».
En palabras al diario local Ámbito Financiero, el economista Fausto Spotorno proyectó un futuro aún más desafiante, aludiendo a que en 2024 la inflación podría superar el 250 por ciento.
Spotorno subrayó la secuencia de incrementos en los precios que aún resta enfrentar. «En diciembre hubo aumento de combustibles, prepagas, alimentos; ahora viene una segunda vuelta de aumento con profesionales y empleados, después, tarifas en marzo».
Para el también director de la Escuela de Negocios de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) hay que prestar además atención al tipo de cambio, y un eventual atraso cambiario.
«La pregunta está en el tipo de cambio. Si se lleva a 800 pesos y después se devalúa a 2 por ciento mensual, se empieza a atrasar. En algún momento habrá que corregirlo o salir del cepo (controles de cambio)», señaló Spotorno a otro medio local.
Por su parte, el economista Andrés Borenstein, economista jefe de la consultora Econviews, se refirió, en declaraciones citadas por la agencia estatal de noticias Télam, al tema salarial resaltando la necesidad de un plan que armonice salarios y precios.
Daniel Artana, economista jefe de la consultora FIEL, expresó que bajar la inflación en Argentina requiere «resolver el tema fiscal» a la vez que abogó por un programa de estabilización.
«Es necesario para que la gente crea que el Gobierno lo que quiere es bajar la tasa de inflación, creo que esa discusión va a estar cuando pase el tema del aumento de tarifas», indicó Artana al tiempo de manifestar que si el Gobierno actúa de manera óptima con dicho programa la inflación sería «mucho más baja en 2025».
La situación actual se agrava al considerar la perspectiva de una alza aún mayor en el horizonte, lo que plantea un desafío significativo para el poder adquisitivo de la población y la economía doméstica en general.
Este contexto de tensión económica caracteriza el comienzo del primer año de Milei, que ahora enfrenta el reto de demostrar su capacidad para estabilizar la macroeconomía en medio de una situación social ya deteriorada.






















































