El ministro de Economía, Gabriel Oddone, reconoció en el Parlamento que el crecimiento económico de 2025 fue de 1,8% y no de 2,6%, como estaba previsto en la Ley de Presupuesto, como consecuencia de una serie de “eventos no anticipados”.
Durante su comparecencia en la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda de Diputados, Oddone hizo un “reconocimiento” de la situación y expuso sobre esos “eventos”.
En primer lugar, mencionó que la sequía del cuarto trimestre del 2025 “tuvo una afectación a la tasa de crecimiento anual del entorno de los 0,27 puntos porcentuales”. Por otra parte, dijo el jerarca, hubo “dos hechos que tuvieron afectación de la industria manufacturera”, que fueron la paralización de la refinería de Ancap por la rotura de la boya petrolera de José Ignacio y las “paradas técnicas de UPM en Fray Bentos y de Montes de Plata”.
Esos hechos, dijo Oddone, “explican un poquito más de 0,5 puntos porcentuales de ese desvío, de un desvío que es de 0,7 décimas”.
Además, señaló el ministro, “hubo factores” que incidieron en el crecimiento menor al esperado. Uno tuvo que ver, según Oddone, con “la corrección de la serie histórica del PIB: el crecimiento fue menor porque el crecimiento de 2024 fue mayor a la información que manejábamos el año pasado”.
Por otra parte, el jerarca mencionó el “escenario externo”. “El segundo semestre del año pasado fue menos favorable de lo que se imaginaba uno a mitad de año. O sea que, en primer lugar, hay un reconocimiento a una menor tasa de crecimiento, que está explicada en los eventos que nosotros ponemos sobre la mesa. A pesar de eso y de los shocks que han tenido lugar a lo largo del año pasado —que yo acabo de mencionar—, el crecimiento de 2025 estuvo por encima del promedio de crecimiento de la última década. Me refiero al promedio de la última década, no de cada uno de los años”, agregó.
Oddone destacó que el 1,8% de crecimiento 2025 es superior al promedio de la última década, que se ubicó en 1,2% anual.
El ministro de Economía dijo, además, que durante el año pasado hubo que gestionar tres “shocks negativos”: la sequía, que implicó medidas extraordinarias; la apreciación del peso, que implicó una serie de medidas del Banco Central del Uruguay; y por último el aumento del petróleo.









































